1 de diciembre de 2011

Crítica de cine: Un método peligroso, de David Cronenberg




David Cronenberg vuelve, tras Promesas del Este, con una película a priori más, cómo decirlo, reposada, pero que en realidad es perfectamente coherente con su filmografía. Y regresa con una cinta que nos lleva a principios del siglo XIX y el auge del método psicoanalítico propugnado por Sigmund Freud. Pero aquí el psiquiatra vienés, en la piel de Viggo Mortensen, tiene un papel a priori secundario mientras que el peso de la acción es asumido por Carl Jung (el ya ubicuo Michael Fassbender) y Sabine Sabina Spielrein (Keira Knightley), su paciente, luego amante y finalmente colega en el oficio del psicoanálisis. Y es sobre estos tres personajes (cuatro, si añadimos a otro médico/paciente, Otto Gross, encarnado por Vincent Cassel) donde se construye una historia que va más allá de lo aparentemente superficial (la relación entre Jung y Sabine) para incidir, poco a poco, en el choque de titanes, Freud vs. Jung.

Porque precisamente de eso va la película de Cronenberg, la lucha entre dos psiquiatras que primero se conocen, se respetan intelectualmente e incluso son amigos, y pronto chocan en dos visiones opuestas sobre lo que debe ser el psicoanálisis: ciencia (Freud) frente a un cierto misticismo (Jung). Y no sólo ello, sino que el enfrentamiento oculta las pasiones humanas más básicas. El hijo e incluso heredero enfrentado al padre y mentor; la envidia de quien hasta ahora era el líder de una pequeña (e incomprendida) manada frente al advenedizo que socava su autoridad; el hombre de recursos limitados que no puede evitar sentir un latente resquemor hacia quien tiene muchos más recursos ilimitados; el judío frente al ario ("un comentario exquisitamente protestante", le dice Freud a Jung cuando éste afirma que no ve por qué la comunidad psicoanalítica vienesa tiene que ser atacada por el hecho de que muchos de sus miembros sean judíos). Y este enfrentamiento es sutil, muy sutil, durante prácticamente una década, con Freud jugando un poco al gato y al ratón, mientras Jung poco a poco supera la fase del respeto reverencial hacia la figura mesiánica de Freud y comienza a mostrarse como algo más que un colega: un rival en potencia.

Por otro lado, Cronenberg escudriña metódicamente la relación entre Jung y Sabine, el paso de una relación estrictamente de médico-paciente, a una pasión sexual que tiene mucho de terapia psiquiátrica (al menos para Jung) y deviene poco a poco un combate destructivo del que nadie puede salir ganando. El canto de sirenas de Otto Gross en la oreja de Jung acaba por pasar factura y éste cruza la línea que se supone que un médico no debe superar. En términos psiquiátricos, incluso podemos ver a un Jung sádico y una Sabine masoquista, ¿o quizá sea esta una mera convención que esconde algo más? Keira Knightley se mete de lleno en la piel de una mujer reprimida, especialmente en las primeras escenas, mientras que los silencios de Fassbender ahondan en la lucha interior de un personaje como Jung. Viggo Mortensen seduce en cada escena en que aparece, especialmente en aquellas en las que Freud se enfrenta a Jung.

Para ir terminando, una buena película, más intensa de lo que podría parecer a primera vista.

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